Desde hace algunos años he soñado con caminar en lugares donde el hombre inició su historia, esos lugares que veía en las películas o libros y que tan inalcanzables parecían, así fue como inicio EL VIAJE, en un pequeño espacio de sueños dentro de mi, buscando información, catalogando lugares, descartando posibilidades y abriendo unas nuevas. No sabía con exactitud cuándo iría, pero la idea de realizar EL VIAJE siempre estuvo presente.

La búsqueda como fotógrafos es incansable, siempre imaginando la siguiente toma que haremos, no importa a cuál de las tantas ramas de la fotografía nos dediquemos, el estar pensando, imaginando y creando es una forma continua de mantener la ilusión de nuestro siguiente paso.

Así fue como un dia se presento la oportunidad y mi viaje que había iniciado muchos años atrás empezó a tomar forma,  sin saber que descubriría en mi camino lo primero que pensé es que equipo era el adecuado llevar, caminaría mucho me pregunté muchas ocasiones, llevar flash, sombrilla o una caja de luz, o solo un pequeño speedlight para resolver de forma rápida una toma en específico, tome la decisión de llevar un poco de todo, no estaría ni cerca de una tienda o casa para ir por más equipo, de esta manera tome un lente angular, el más grande que tenía en ese entonces era un 28mm, un 70-200mm que siempre me acompaña, un 35mm clásico para documentar, mi tripie que en ese entonces era un Manfrotto algo pesado pero era lo que tenía, no podía gastar en uno de fibra de carbono que mi espalda hubiera agradecido mucho, muchas tarjetas de memoria y mi computadora para ir bajando en el camino lo que poco a poco iba tomando.

EL VIAJE empezó a tomar  forma, la aventura de llegar a aeropuertos desconocidos, escuchar idiomas inentendibles y observar en cada lugar al que iba formas de vida tan distintas a lo que estaba acostumbrado lo hizo para mi algo extraordinario, vivir la experiencia de la India puede marcar emocionalmente a todo viajero occidental que pasa por ahí.  Meterse por los rincones de esas inmensas o a veces muy pequeñas y laberínticas ciudades donde la arquitectura milenaria permanece con orgullo ante los ojos extasiados de propios y extraños… encontrar lo sublime de lo cotidiano en sus viejos y niños, su transporte, sus esquinas, sus textiles, sus brillos, sus animales y especialmente algunos personajes sagrados que deambulan por su calles y flotan en balsas por sus ríos. Cargar maletas por todas las compras que no pude frenar, perderme en calles laberínticas y meterme a casas donde te ofrecen siempre agradablemente un estupendo “té massala”.

En mi viaje vi rostros impactantes de una de las culturas más ricas y antiguas de nuestro mundo donde la interacción con los Babas Sadhus (los hombres más sagrados y espirituales de la india)  y lugareños fue un privilegio de conocimiento y apertura. Las imágenes que logré tomar están llenas de luz, tiempo sobre los rostros, polvo flotante, pies cansados, significativos turbantes, coloridos vestidos y velos, aguas purificadoras no tan puras a primera vista, almas abiertas, olores, humores, esperanza en los hombros, diferentes ritmos de fluir de la gente y cientos de emociones que a cualquiera le inundan la pupila creando un conjunto poco pasivo de reflejos del alma.

Con estas fotografias invito al lector a iniciar su propio viaje, adentrarse en el reflejo del alma de cada persona y lugar, de una cultura que trasciende mas allá de las propias historias y leyendas, tratando de incentivar a que cada uno haga de su vida EL VIAJE.

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